Ir a Rusia y comprar dos caballitos


 

 

Un día me imaginé tener un caballo y recordé un sueño infantil. Una raza de caballos lejana y misteriosa de una resistencia sin igual, un caballo dorado sobre el cual siempre acababa mi mirada tras hojear una y otra vez el libro de razas de caballos. Recordaba el  nombre: Akhal-Teké. Pero no había oído nada de ellos en todos estos años, ni una referencia. ¿Existen? Si así es, ¿están al alcance de un simple mortal?

                                                                                                                                                                            
 

Pregunté a internet, que en castellano no me ofrecía más que el mismo escueto y repetido texto. Busqué en inglés, alemán y francés, búsqueda que resultó mas fructuosa. Durante mas de un año estuve recorriendo las yeguadas virtualmente, me senté como espectadora en los foros, comparaba fotografías y buscaba caballos en venta. La información recibida fue buena, gracias a los pocos pero dedicados entusiastas; los caballos a la venta en Europa, escasos. Finalmente me tomé diez días de vacaciones y viajé a Rusia.

 

De tres yeguadas, puse mi atención especialmente en Akhalt-Service, junto al Mar de Azov, yeguada tristemente disuelta. Nos recibió Nadja Tarasova, quien me asesoró durante los dos días que allí permanecimos, alojados en la misma yeguada, y quien me presentó a todos y cada uno de los caballos, acercándome a su historia, su relación de parentesco, su carácter. Hoy en dia miro las fotos y sabría contar algo sobre cada uno de las decenas de caballos que vimos. Como una tía de Morejn, campeona de la raza como otras dos hermanas suyas, que abandonaba la manada en su pasto para recorrer las instalaciones ella sola en actitud desafiante; el semental de aspecto desaliñado que en su yeguada de origen vivia en libertad todo el año con la manada, protegiendo a las yeguas y a los potros de los lobos y que curiosamente emparejado con las yeguas mas normalitas daba unos potros magníficos. O el abuelo de mis niñas, un exótico crema de aspecto extremo donde los haya, que no se parece en nada a los caballos a que estamos habituados. 


 

Tras el desayuno, las yeguas y sus potros salían trotando hacia su pasto. Allí las veíamos tan contentas, hasta que a alguna se le ocurría ir al abrevadero. Se le unían mas yeguas, y mas y mas. Hasta que quedaban menos de las que se habían marchado, se asustaban y salían corriendo a por las primeras, los potros alegrándose por el alboroto daban saltos de alegría, echaban carreras y gritaban vivas. Una vez abrevadas, alguna vez se acordaban de comprobar si ya estaba la cena servida o si se podía saquear el huerto. En tal caso iban sigilosamente y algunas se quedaban en la esquina a vigilar. Hasta que saltaba la alarma y los humanos aguafiestas las hacían volver a sus pastos.


 

 La primera mañana fue el desfile de las potras. Mi intención había sido comprar una yegua de unos cuatro años, pero en vista de la situación del mercado, acepté buscar una potra de tres años. Dado que Nadia tenía una magnífica página web, actualizada, con las fotos de todas las yeguas y su información relevante, yo tenía principalmente una yegua en mente. El precio era aceptable, pero quería ver mi yegüita antes de comprarla. El desfile me rompió todos los esquemas. Fueron muchas potras, muy hermosas. Hubo algunas de especial belleza, como Sagali. Sagali, que tenía dos años y medio, no figuraba entre las yeguas a la venta, iba para reproductora. Decidí que no quería una estrella de cine, tan solo una yegua simpática que me llevara al campo. Ilusa yo. También vi a Morein, esa potrilla negra y simpática que ya me había hecho un guiño en la página web. Era muy pequeñita todavía y barrigona, pero yo la quería igual. Seguí viaje por Rusia con una pequeña preselección e intención de decidirme por una o dos yeguas a la vuelta. ¿Motivos para que ahora pensara en dos? Pues cómo decidirme solo por una. Y cómo dejarla viajar sola. Y cómo mantenerla sola en casa, qué triste. El viaje ya estaba planificado, viajarían con un transporte de caballos que venía de camino. El módulo que ocuparía mi yegua se podía ocupar con dos por el mismo precio. Finalmente me decidí por Sagali, por ser tan maravillosa y por Morein porque intuía que me daría grandes alegrías.


 

Mis yeguas llevan dos años conmigo. Hace un año tuve algunas dificultades con Sagali, que con creces era mejor caballo que yo jinete. Me acordé que nadie me había mandado comprar un caballo de carreras, así que puse mas paciencia y aunque me costó sudor y sangre, ahora tengo dos yeguas encantadoras, obedientes, valientes y útiles para un mundo a sus pies. Morein hasta ahora no me ha querido dar ningún problema. Tras desensillar nos rascamos el dorso mutuamente y después repartimos zanahorias. La potrilla barrigona se ha convertido en una espléndida yegua, digna de su linaje.

 

Ingrid Schulz, diciembre 2009

info@akhalteke.es