Origen

Se cree que el antepasado del Ajal-teké fue domesticado por los   escitas,  pueblo que vivíó en territorios que se extienden por la actual   Asia Central, en tierras situadas al este del mar Caspio y que limitan con  Afganistán y Persia. Así parecen testimoniar los restos de las  tumbas de   Pazyryk (en el macizo de Altai), que datan del siglo VI a. d. C,  y donde se han encontrado esqueletos de caballos de estructura muy  similar al caballo turcomano. También se han descubierto caballos de  constitución similar en yacimientos arqueológicos           de  1.000 años  de antigüedad en Anau, cerca de Ashgabat, la actual capital de Turkmenistán.    

     

En esa época se hablaba de ellos como “caballos divinos”, o “caballos celestiales” y eran  mencionados en crónicas de griegos y romanos. Así, el historiador romano Opion hablaba de un  caballo “propio de reyes, de bellísima estampa, que se mueve con gracilidad bajo la montura;  lleva la cabeza muy alta, y sus centelleantes crines flotan majestuosamente en el viento”.  También Herodoto hablaba de “los caballos sagrados de Nisa, de singular talla y belleza”. Se  cuenta que figuras como Ciro de Persia, Alejandro el Grande y varios emperadores chinos  organizaron expediciones a Asia Central para hacerse con algunos ejemplares.

 

 A los escitas les sucederían los nisios y los chinos, y luego los partos, los hunos, los turcos y  los  mongoles, para luego tener a los turcos otra vez...Asia Central sería habitada por gentes  de  lengua, cultura y religión diferente, pero todas tenían algo en común: su pasión por  conservar el caballo dorado de Nisa, que siempre destacó por su extraordinaria velocidad y  resistencia, su aguda  inteligencia, su increíble lealtad para con su dueño, y su bravura en el  combate.

 

 Los pueblos que mejor preservaron el caballo celestial fueron los turcomanos, o turkmenos,  que se dividían en cuatro tribus: la yomud, la ersanita, la goklén y la teké. A su vez, los tekés  se dividían en los tekés de la ciudad de Merv (actual Mary) y los tekés de Ajal, nombre de un  oasis situado en las estribaciones de las montañas de Kopet Dag. Cada tribu crió el caballo  turcomano para adaptarlo a sus condiciones locales. Y, sin duda, el más bello y capaz de todos  ellos sería el teké.      

 

 

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